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La violencia es un tipo de interacción humana que se manifiesta en aquellas conductas o situaciones que, de forma deliberada, aprendida o imitada, provocan o amenazan con hacer daño o sometimiento grave (físico, sexual, verbal o psicológico) a un individuo o a una colectividad; o los afectan de tal manera que limitan sus potencialidades presentes o las futuras.

La violencia fue asociada desde tiempos muy remotos a la idea de la fuerza física y el poder. Los romanos llamaban vis, vires a esa fuerza, al vigor que permite que la voluntad de uno se imponga sobre la de otro. Vis tempestatis es en latín el ‘vigor de una tempestad’. En el Código de Justiniano se habla de una ‘fuerza mayor, que no se puede resistir’ (vis magna cui resisti non potest).

El elemento esencial en la violencia es el daño, tanto físico como psicológico. Este puede manifestarse de múltiples maneras (por ejemplo, los estímulos nocivos de los que depende) y asociado igualmente, a variadas formas de destrucción: lesiones físicas, humillaciones, amenazas, rechazo, etc.

Es destacable también el daño (en forma de desconfianza o miedo) sobre el que se construyen las relaciones interpersonales, pues está en el origen de los problemas en las relaciones grupales, bajo formas como la polarización, el resentimiento, el odio, etc., que, a su vez, perjudica las relaciones sociales y de comunidad.

Otro aspecto de la violencia que hay que tener en cuenta es que no necesariamente se trata de algo consumado y confirmado; la violencia puede manifestarse también como una amenaza sostenida y duradera, causante de daños psicológicos quienes la padecen y con repercusiones negativas en la sociedad.

En otro orden de cosas, cuando la violencia es la expresión contingente de algún conflicto social puede darse de manera espontánea, sin una planificación previa minuciosa.

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La violencia puede además ser encubierta o abierta; estructural o individual.

Es un comportamiento deliberado, que provoca, o puede provocar, daños físicos o psicológicos a otros seres, y se asocia, aunque no necesariamente, con la agresión física, ya que también puede ser psicológica, emocional o política, a través de amenazas, ofensas o acciones. Algunas formas de violencia son sancionadas por la ley o por la sociedad, otras son crímenes. Distintas sociedades aplican diversos estándares en cuanto a las formas de violencia que son o no son aceptadas.

Tipos de violencia

Existen varios tipos de violencia (verlos pinchando el link) pero todos tienen un denominador común: agresión hacia la parte más débil o diferente al resto. En la historia del hombre siempre ha existido.

¿Es innato en el hombre?

José Sanmartín, filósofo y catedrático de la universidad de Valencia, asegura que “El agresivo nace, el violento se hace” en su libro “La violencia y sus claves“.

Este profesor, que ha realizado varios trabajos sobre el tema, asegura que “nuestra agresividad es un rasgo en el sentido biológico del término; es una nota evolutivamente adquirida, mientras que la violencia es una nota específicamente humana que suele traducirse en acciones intencionales que tienden a causar daño a otros seres humanos”.
Agresividad y violencia, por tanto, no son la misma cosa. La primera forma parte de nuestra esencia animal. Somos agresivos por naturaleza, por instinto de supervivencia frente a un entorno hostil, de la misma forma en que son agresivos el resto de los animales. La diferencia es que mientras ellos no llegan a causarse la muerte, el ser humano llega a disfrutar con ella. La agresividad se convierte en violencia y se ejerce hasta las últimas consecuencias, con resultado de muerte o con presencia de sangre para sentirse superior ante una determinada situación. La compasión por el que está al otro lado es nula. Añade que es producto de la evolución cultural, por tanto es suficiente cambiar los aspectos culturales que la motivan para que ésta no se produzca. Explican los expertos que la violencia nace a partir de la separación del hombre de su entorno natural. En los primeros tiempos, el ser humano se regía por el mismo código de conducta que los animales. Era básicamente instintivo y por lo tanto utilizaba la agresividad para poder subsistir y procrear. Su agresividad no dañaba al grupo. Hoy el hombre ha construido un entorno artificial con sus propios valores y su propia cultura que le exige determinadas respuestas, y le obligan constantemente a adaptarse a lo nuevo. Esta situación creada artificialmente genera agresividad y en ocasiones violencia.

El psiquiatra Luis Rojas Marcos, en su libro “Las semillas de la violencia” explica que “estas semillas se siembran en los primeros años de la vida, se cultivan, se desarrollan durante la infancia y comienzan a dar sus frutos malignos en la adolescencia”. Por tanto la violencia -como apunta el profesor Sanmartín-, “es la resultante de la influencia de la cultura sobre la agresividad natural y sólo factores culturales pueden prevenirla”.

Pero no todo son malas noticias, por fortuna. Aunque nos parezca incomprensible, dada la tan terrible actualidad de sucesos, guerras y desigualdades sociales, Eduardo Punset en su programa “Redes”, afirma que actualmente hay mucha menos violencia que en épocas pasadas.

¿Cómo prevenir la violencia?

No hay un antídoto para prevenirnos contra ella, pero sí hay un arma muy eficaz para combatirla: la educación en el respeto y la compasión.

Hace falta una educación para la paz efectiva, que debe partir del núcleo familiar y educativo. El fomento del diálogo y la comunicación. Las muestras de cariño y comprensión por parte de los padres. El análisis de las fórmulas que se emplean para educar en la disciplina. El conseguir que el núcleo de convivencia no se convierta en el lugar donde los de siempre tienen los derechos -los padres, por lo general- y otros tienen los deberes -los hijos-. Y sobre todo, descubrir que en la palabra se encuentra la baza del entendimiento entre las distintas generaciones, distintas razas, distintas especies, distintos pensamientos… son cuestiones que sin duda ayudarán a esa Educación para la Paz.

Como decía Víctor Hugo, “no hay malas hierbas, ni hombres malos, sino malos cultivadores”.

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“Admito haber usado pantalones de cuero y antílope por un tiempo, pero uno nunca se siente limpio así, y es degenerado usar pieles animales… Así que regresé a los blue jeans luego de mi período de degeneración.” Andy Warhol (artista)

“Si no usarías a tu perro para vestirte, por favor no uses pieles.” Charlize Theron (actriz)

“Esto no se trata de nosotros y nuestro sufrimiento, se trata de la matanza de miles y miles de millones de animales cada año, y la violencia enorme que eso requiere, y las consecuencias que eso tiene también para los derechos humanos tanto como para los derechos animales, porque la agricultura animal, la explotación animal en general, no es distinta de la explotación humana, es todo el mismo lío, y tenemos que verlo, debemos entender las conexiones. Necesitamos ver que no se trata de nosotros, se trata de ellos” Gary L. Francione (profesor de derecho y especialista en derechos animales)

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Cada año, y sólo en España, 20 millones de animales son capturados con trampas y 40 millones son criados en granjas por su piel, según las asociaciones que luchan por los derechos de los animales. Vidas arrebatadas por un lujo innecesario. Algo totalmente inadmisible en la actualidad ya que podemos vivir perfectamente sin utilizar piel de animales.

10 Razones para no comprar prendas de piel:

1.- Millones de animales son matados anualmente: la industria peletera causa la muerte en el mundo a más de 140 millones de animales silvestres. 40 millones de estos animales son criados y matados en granjas y los 20 millones restantes son cazados utilizando trampas no selectivas que a su vez producen la muerte de otros 80 millones de animales no útiles para la peleterí­a. Cada prenda elaborada con piel de animales silvestres esconde la muerte innecesaria de muchos animales, y las personas que compran o utilizan las mismas deben asumir su responsabilidad por dichas muertes.

2.- Extinción de especies: la captura y muerte de animales salvajes con fines peleteros ha llevado durante los últimos siglos a la extinción a diversas especies, como por ejemplo, al visón del mar y al zorro de las Malvinas, mientras que a otras muchas las ha puesto al borde de la desaparición. Algunas de estas especies son: castor, ocelote, pantera nebulosa, nutria marina, tigre, jaguar, koala, o chinchilla salvaje. En la actualidad todaví­a se matan animales silvestres en libertad pertenecientes a especies que se encuentran muy amenazadas. En España, la caza de animales por su piel supuso la extinción de la garduña de Ibiza y ha puesto, junto con otras causas, a múltiples especies al borde de la extinción. La nutria ha sido perseguida por su piel hasta la década de los sesenta, en que empezó a escasear tanto que dejó de ser rentable. El oso pardo sigue siendo hoy en dí­a cazado furtivamente, entre otras causas, por su piel.

Otro ejemplo es el lince ibérico. A principios de siglo más de 300 pieles de lince llegaban cada año a las peleterí­as de Madrid, procedentes de los montes del Guadarrama, El Pardo y la Cuenca del Alberche. En 1937 aún se comercializaban anualmente en el mercado nacional unas 500 pieles de lince. En la actualidad la población de esta especie no alcanza los 800 ejemplares y se encuentra al borde de la extinción. La utilización de pieles de animales silvestres ha sido y sigue siendo una de las principales causas de extinción de especies.

3.- Sufrimiento innecesario: La peleterí­a no es sólo sinónimo de muerte, también lo es de sufrimiento. Los métodos utilizados para matar a los animales son estremecedores. En el caso de animales en libertad, su muerte se produce especialmente mediante la utilización de trampas, tales como cepos. Estos métodos no causan la muerte del animal de forma rápida, sino que alargan el sufrimiento. La muerte termina produciéndose tras largo tiempo de agoní­a.
En el caso de las granjas, la crueldad se inicia desde el momento en que se obliga a vivir a los animales en reducidas cajas junto a cientos de congéneres, con grandes niveles de estrés psicológico. Las granjas no tienen en cuenta sus necesidades psicológicas y etológicas, causando en los animales movimientos anormales, apatí­a y automutilación, incumpliendo la Convención Europea para la protección de los animales de granja. Los métodos utilizados para matar estos animales van desde el gaseado con monóxido o dióxido de carbono, la dislocación del cuello, la inyección de pentabarbital sódico y la electrocución, hasta el desangrado. La auténtica belleza no se puede lograr mediante el sufrimiento, y la crueldad nunca puede ser elegante.

4.- Manipulación genética: la manipulación genética es una constante en las granjas. Se realiza una crí­a selectiva basada en características tales como la calidad y el color de la piel, o en el éxito reproductor. Por ello, los visones de granja son más grandes y tienen mayor í­ndice de reproducción que los ejemplares libres de su propia especie, aumentando así­ la producción de las granjas. El resultado es un animal que poco o nada tiene ya que ver con sus caracterí­sticas naturales, con lo cual, cuando se produce la fuga de animales de granja, éstos pueden producir alteraciones genéticas en las poblaciones silvestres.

5.- Intento de domesticación: la crí­a en granjas de animales silvestres como los visones o los zorros se realiza como si éstos fuesen animales domésticos. Los animales domésticos lo son debido a un proceso de domesticación que duró miles de años. Por ejemplo, llevamos unos 12.000 años conviviendo con los perros, 7.000 con los cerdos y 4.000 con las gallinas. Dado que las granjas europeas más antiguas de visón datan de 1920, estos animales han estado en cautividad menos de 75 años y no se les puede considerar en ningún caso animales domésticos. Son animales silvestres encerrados en jaulas. Además, la domesticación de cualquier animal supone la desaparición de la forma de vida y comportamiento de una especie. Este proceso hace que pierda su capacidad de sobrevivir por sus propios medios, pasando a depender del hombre. La domesticación de especies silvestres supone su “extinción”, y ello debido únicamente al uso de sus pieles.

6.- Introducción de especies exóticas: una de las consecuencias menos conocidas, pero más impactantes para el medio ambiente, de la proliferación de las granjas peleteras, es la introducción que suelen conllevar de especies no autóctonas en el medio natural. En diversas partes del mundo los animales que se escapan de dichas granjas vienen produciendo la ruptura del equilibrio ecológico. Más de 30 millones de visones son criados cada año en las granjas, por ello, el visón americano es una de las especies procedente de las granjas de las que más casos de fugas se conoce. El visón americano fue traido a las granjas europeas en 1926. A España llegaron en 1958, instalándose inicialmente en granjas del centro peninsular y Galicia. Las fugas de visones de dichas granjas vienen repitiéndose desde entonces, existiendo en la actualidad poblaciones en libertad de visón americano, al menos, de Galicia, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Madrid, Navarra, Aragón y Cataluña.
Entre las muchas consecuencias que tiene la introducción de esta especie, cabe destacar la amenaza que supone para el visón europeo, ya que el americano es más grande y compite directamente con el europeo tanto por el alimento como por el espacio. Por ello, el Consejo de Europa ha recomendado la prohibición de las granjas de visón americano en zonas que cuentan con poblaciones de visón europeo. Estas introducciones también conllevan graves peligros ante la posibilidad de que introduzcan enfermedades o parásitos provenientes de las granjas y no existentes en el medio natural. Las consecuencias catastróficas que tiene para el equilibrio ecológico la introducción de especies no autóctonas, justifica por si sola la prohibición de las granjas peleteras.

7.- Derroche de recursos: la muerte anual de 140 millones de animales silvestres para la confección de innecesarios productos de lujo representa un evidente derroche de nuestro recurso fauní­stico. Pero, además, la existencia de las granjas peleteras supone también un derroche energético y de alimentos. Se necesitan 3,3 toneladas de alimento (harina de pescado, proteí­nas vegetales, cereales, etc.) para confeccionar un abrigo de visón, y 1 tonelada para un abrigo de zorro. Si estas cantidades se multiplican por los 30 millones de visones que cada año producen las granjas, resulta que anualmente se usan 1.650.000 toneladas de alimento. Se comprende porqué los bancos de arenque de los paí­ses del norte se están agotando, ya que la mitad de los arenques que se capturan en estos paí­ses se utilizan para las granjas peleteras. Nuestros escasos recursos naturales no deben ser derrochados en ningún caso, pero menos aún para satisfacer la vanidad de ciertas personas.

8.- Producción de residuos: la crí­a de animales en granjas generan ingentes cantidades de residuos orgánicos de los lechos de estabulación, de los alimentos y de los cadáveres despellejados, que favorecen y desarrollan la proliferación de ratas y microorganismos patógenos, y la eutrofización de las aguas. Además, en los procesos de curtición de las pieles se emplean metales pesados que se vierten en las aguas industriales, envenenando los ecosistemas acuáticos.

9.- Lujo innecesario: El frío es siempre una excusa para utilizar las pieles de los animales. Ya sea en países nórdicos como mediterráneos o latinos, éstas prendas son innecesarias, pues más que abrigar del frío lo que hacen es demostrar una posición social y económica, fruto de una moda basada en la ostentación. No es justificable, por lo tanto, usar pieles en ninguna latitud. Tras una caí­da generalizada en la venta de pieles, se viene intentando imponer las pieles como una moda consumista más, realizando todo tipo de “conversiones” de las prendas (hoy ya no se usa tanto el abrigo largo de pieles sino las aplicaciones y decorados con ellas), una amplia gama de ofertas y pagos a plazos. El hombre vistió con pieles en la antiguedad, pero ya no somos caverní­colas.

10.- Existencia de prendas alternativas: las razones expuestas justifican sobradamente no comprar ni utilizar productos elaborados con pieles pero existen, además, suficientes materiales alternativos, tanto para luchar contra el frí­o como para embellecer el cuerpo. En el mercado existen suficientes prendas de abrigo de origen sintético como para desterrar totalmente la utilización de pieles de animales silvestres.

(fuente: http://www.animanaturalis.org/564)

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Aquí dejo dos vídeos referentes al tema de la piel. He optado por no ponerlos de una cruda violencia, como circulan muchos por la red.

El primero forma parta de una campaña promocional de PETA en contra de los abrigos de pieles:

En este segundo vídeo se informa de la cantidad de animales que son necesarios para elaborar un sólo abrigo:

Y entonces te preguntarás: Si voy a comprar unas botas, una chaqueta o un bolso, por ejemplo, ¿como puedo discernir la auténtica piel de la sintética? porque actualmente las imitaciones de piel son tan buenas que a veces quedan dudas…

Existen cuatro formas básicas de “testear” la piel para saber si es natural o artificial:
Ponderarla al tacto: Para ello, tenemos que tomar la piel y hacerla un rollito entre los dedos pulgar e índice. Con esta prueba, la piel natural se siente lisa y suave, y se desliza entre los dedos sin resistencia. Cuando la piel es artificial, se siente gruesa y tiesa.

Ponderarla con la vista: Tomar un trozo de la piel y soplarla para que los pelos se dividan. Cuando la piel es natural, tiene varias capas de pelos más finos que forman una base densa que sostiene a los pelos más largos (los que sobresalen hacia fuera). Además la base es de cuero (piel, epidermis) natural. Cuando la piel es falsa, su estructura es más simple por lo que todos los pelos son de un largo y color similares.

Pincharla con un alfiler: Tomar un alfiler y hundirlo hasta la base de la piel: cuando la piel es natural el cuero se resiste a ser agujereado y es difícil de traspasar. Cuando la piel es artificial el alfiler pasa fácilmente hacia el otro lado.

Quemar algunos pelos: Tomar delicadamente algunos pelos de la piel y ponerlos en una llama de mechero. Si la piel es natural, se chamuscará y despedirá un olor similar al de pelo humano quemado. Si la piel es artificial, se derretirá y olerá como plástico quemado. Además formará pequeñas bolitas que se sienten duras al tacto.

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Como consumidores, en nuestra manos está el continuar consumiendo y comprando irracionalmente, o actuar de forma compasiva y pensando en lo que hay detrás de cada producto manufacturado. En este sentido, tras las pieles solamente se esconde el horror, tortura, vida  inaceptable, indefensión y una horrible muerte.

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