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“El sistema sanitario es una verdadera mafia que crea
enfermedades y mata por dinero y poder” (Guislaine Lanctôt, la doctora autora del best seller mundial “La mafia médica”)

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Ghislaine Lanctôt ha ejercido la Medicina durante 27 años. Ahora no ejerce… aunque quisiera. ¿El motivo? Hace ocho años la retiraron la licencia de médico. ¿Por qué? Por publicar “La mafia médica” (Ed. Vesica Piscis) ¿Y qué contiene ese libro para que haya provocado tal sanción? Pues -como fácilmente se entiende a juzgar por el título- una descripción exhaustiva del “sistema de enfermedad” -y no sanitario- que actualmente existe.

El mercado farmacéutico mueve unos 200.000 millones de dólares al año. Un monto superior a las ganancias que brindan la venta de armas. Por cada dólar invertido en la fabricación de un medicamento se obtienen mil en el mercado. Este mercado, además, es uno de los más monopolizados del planeta, ya que sólo 25 corporaciones copan el 50 por ciento del total de ventas.

Este mercado, además, es uno de los más monopolizados del planeta, ya que sólo 25 corporaciones copan el 50 por ciento del total de ventas. De ellas, las seis principales compañías del sector –Bayer, Novartis, Merck, Pfizer, Roche y Glaxo- suman anualmente miles de millones de dólares de ganancias, a lo que hay que añadir más todavía, dado que todos los grandes grupos farmacéuticos son también potencias de las industrias química, biotecnológica o agroquímica. Todo ello, y su imparable avidez por seguir haciendo dinero y creciendo cual un parásito destructivo, hace que las multinacionales del sector, haciendo gala de una total impunidad, se desentiendan de su verdadero cometido, la salud, y no reparen en aplastar a competidores menores, atacar a gobiernos débiles que intenten enfrentarlas y, lo que es peor, mantener precios prohibitivos para las poblaciones de escasos recursos y a la vez fabricar productos que en muchísimos casos terminan envenenando a los eventuales pacientes. Sobrados ejemplos hay en ese sentido.

Uno de ellos tuvo como protagonista a Merck, uno de los gigantes farmacéuticos que se vio obligado a retirar del mercado a una de sus estrellas, el antiinflamatorio Vioxx (rofexocib), cuya venta le reportaba 2.500 millones de dólares al año. Pero hasta que Merck retiró ese medicamento fue demasiada la sordera, la negligencia y la falta de ética frente a las constantes advertencias sobre los riesgos cardiovasculares que producía. Actualmente, ese fármaco podría causarle a Merck muchas más pérdidas que su retiro de las ventas. En Estados Unidos, la compañía fue declarada responsable de la muerte de Robert Ernst y obligada a pagarle a su viuda 253,4 millones de dólares, pero se encuentran pendientes de resolución unas 5.000 denuncias, y puede suceder que la compañía farmacéutica tenga que desprenderse finalmente de entre 18.000 y 50.000 millones de dólares. Sin embargo no sólo Merck fue el responsable de la negligencia, sino que un organismo como la Agencia para las Drogas y los Alimentos (FDA-Foods and Drugs Agency), el ente gubernamental norteamericano que supuestamente debe velar por la salud y la alimentación de los contribuyentes, también es corresponsable.

Desde el año 2002 se sabía que el Vioxx aumentaba la posibilidad de generar infartos al corazón o problemas similares, por lo que corrieron las sospechas: ¿apoyó Merck algunos trabajos o investigaciones de la FDA, o hubo algún tipo de contraprestación? Nada de ello resultaría extraño, si nos atenemos a los antecedentes de la FDA en el juego de intereses con que son favorecidos los grandes grupos químico-farmacéuticos, y de los que nos ocupamos en notas anteriores. Lo cierto es que Merck no retiró al Vioxx del mercado hasta el año 2004, un retraso inexplicable ya que eran demasiadas las evidencias de múltiples efectos cardiovasculares adversos del fármaco, y una falta de respuesta rápida incomprensible en una compañía fundada hace 340 años.

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La conclusión no es tan difícil: las ventas del producto fueron más importantes que sus efectos adversos.

El ganador del Premio Nobel de Medicina Richard J. Roberts denuncia en la siguiente entrevista la forma en la que operan las grandes farmacéuticas dentro del sistema capitalista, anteponiendo los beneficios económicos a la salud y deteniendo el avance científico en la cura de enfermedades porque curar no es tan rentable como la cronicidad.

La entrevista apareció en el diario español La Vanguardia:

¿La investigación se puede planificar?

– Si yo fuera ministro de Sanidad o el responsable de Ciencia y Tecnología, buscaría a gente entusiasta con proyectos interesantes; les daría el dinero justo para que no pudieran hacer nada más que investigar y les dejaría trabajar diez años para sorprendernos.

– Parece una buena política.

– Se suele creer que, para llegar muy lejos, tienes que apoyar la investigación básica; pero si quieres resultados más inmediatos y rentables, debes apostar por la aplicada…

– ¿Y no es así?

– A menudo, los descubrimientos más rentables se han hecho a partir de preguntas muy básicas. Así nació la gigantesca y billonaria industria biotech estadounidense para la que trabajo.

– ¿Cómo nació?

– La biotecnología surgió cuando gente apasionada se empezó a preguntar si podría clonar genes y empezó a estudiarlos y a intentar purificarlos.

– Toda una aventura.

– Sí, pero nadie esperaba hacerse rico con esas preguntas. Era difícil obtener fondos para investigar las respuestas hasta que Nixon lanzó la guerra contra el cáncer en 1971.

– ¿Fue científicamente productiva?

– Permitió, con una enorme cantidad de fondos públicos, mucha investigación, como la mía, que no servía directamente contra el cáncer, pero fue útil para entender los mecanismos que permiten la vida.

– ¿Qué descubrió usted?

– Phillip Allen Sharp y yo fuimos premiados por el descubrimiento de los intrones en el ADN eucariótico y el mecanismo de gen splicing (empalme de genes).

– ¿Para qué sirvió?

– Ese descubrimiento permitió entender cómo funciona el ADN y, sin embargo, sólo tiene una relación indirecta con el cáncer.

– ¿Qué modelo de investigación le parece más eficaz, el estadounidense o el europeo?

– Es obvio que el estadounidense, en el que toma parte activa el capital privado, es mucho más eficiente. Tómese por ejemplo el espectacular avance de la industria informática, donde es el dinero privado el que financia la investigación básica y aplicada, pero respecto a la industria de la salud… Tengo mis reservas.

– Le escucho.

– La investigación en la salud humana no puede depender tan sólo de su rentabilidad económica. Lo que es bueno para los dividendos de las empresas no siempre es bueno para las personas.

– Explíquese.

– La industria farmacéutica quiere servir a los mercados de capital…

– Como cualquier otra industria.

– Es que no es cualquier otra industria: estamos hablando de nuestra salud y nuestras vidas y las de nuestros hijos y millones de seres humanos.

– Pero si son rentables, investigarán mejor.

– Si sólo piensas en los beneficios, dejas de preocuparte por servir a los seres humanos.

– Por ejemplo…

– He comprobado como en algunos casos los investigadores dependientes de fondos privados hubieran descubierto medicinas muy eficaces que hubieran acabado por completo con una enfermedad…

– ¿Y por qué dejan de investigar?

– Porque las farmacéuticas a menudo no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle dinero, así que esa investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que hacen crónica la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento.

– Es una grave acusación.

– Pues es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación no para curar sino sólo para convertir en crónicas dolencias con medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre. Y no tiene más que seguir el análisis financiero de la industria farmacológica y comprobará lo que le digo.

– Hay dividendos que matan.

– Por eso le decía que la salud no puede ser un mercado más ni puede entenderse tan sólo como un medio para ganar dinero. Y por eso creo que el modelo europeo mixto de capital público y privado es menos fácil que propicie ese tipo de abusos.

– ¿Un ejemplo de esos abusos?

– Se han dejado de investigar antibióticos porque son demasiado efectivos y curaban del todo. Como no se han desarrollado nuevos antibióticos, los microorganismos infecciosos se han vuelto resistentes y hoy la tuberculosis, que en mi niñez había sido derrotada, está resurgiendo y ha matado este año pasado a un millón de personas.

– ¿No me habla usted del Tercer Mundo?

– Ése es otro triste capítulo: apenas se investigan las enfermedades tercermundistas, porque los medicamentos que las combatirían no serían rentables. Pero yo le estoy hablando de nuestro Primer Mundo: la medicina que cura del todo no es rentable y por eso no investigan en ella.

– ¿Los políticos no intervienen?

– No se haga ilusiones: en nuestro sistema, los políticos son meros empleados de los grandes capitales, que invierten lo necesario para que salgan elegidos sus chicos, y si no salen, compran a los que son elegidos.

– De todo habrá.

– Al capital sólo le interesa multiplicarse. Casi todos los políticos – y sé de lo que hablo- dependen descaradamente de esas multinacionales farmacéuticas que financian sus campañas. Lo demás son palabras…

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Experimentos en animales

La compañía Procter & Gamble (P&G) –dedicada a la creación y comercialización de productos que van desde jabones, champús y detergentes a diversos cosméticos y elementos femeninos como toallas higiénicas y tampones, y que no hace mucho extendió su accionar al rubro farmacéutico- al igual que Nestlé y Colgate-Palmolive está siendo acusada en los últimos tiempos de llevar a cabo crueles experimentos de laboratorio con animales, ya sea para probar químicos, cosméticos o alimentos balanceados. Procter & Gamble es acusado por varias organizaciones protectoras de animales de realizar experimentos dolorosos, invasivos y letales en perros, gatos y otras mascotas. Algunos de los que se mencionan son alergias severas inducidas en cachorros Siberian Husky y gatos muertos en experimentos abdominales invasivos. A su vez PETA (People for Ethical Treatment for Animals)  logró introducirse en uno de los laboratorios de IAMS, empresa adquirida en 1999 por P&G, y declaró haber encontrado perros que se habían vuelto locos tras un intenso confinamiento en jaulas con barrotes que tenían escasas dimensiones, otros a los que les habían extirpado las cuerdas vocales y algunos animales languideciendo en sus jaulas, abandonados y sufriendo horrores, sin asistencia veterinaria.

Los experimentos –denunciados en varias oportunidades y que motivaron que activistas de varios países, encabezados por “Uncaged”, realizaran un día de boicot a P&G en mayo de 2005, repitiéndolo exactamente un año después- incluyen la quema de la piel de los animales con ácidos, introducirles polvos en los ojos y otras lindezas por el estilo. Todo en nombre de la ciencia, por supuesto. Por su parte, Nestlé, Purina y Petcare lleva experimentando desde 1926 en un complejo ubicado en Saint Louis, Missouri (casualmente vecinos de Monsanto), donde alojan a alrededor de 600 perros y 500 gatos en trece edificios. Ellos mismos publican sus experimentos –entre los que figuran ciertos estudios en los que inducen fallos renales en perros y otros animales para después experimentar su cura con una dieta baja en proteínas- en periódicos científicos, con el fin de engordar las carreras y currículums de sus investigadores. En cuanto a Colgate-Palmolive, realiza sus pruebas en el Hill’s Pet Nutrition, en Topeka, Kansas. Hace algunos años, la Unión Británica contra la Abolición de la Vivisección publicó detalles de un experimento llevado a cabo por la compañía en la Universidad de Columbia, en el que se encerraba a conejillos de Indias en pequeños tubos de plástico y se les aplicaba una fuerte solución de sulfuro durante cuatro horas al día por espacio de tres días. Ello causaba que la piel de los animales se quebrase y sangrase.

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Ser más conscientes

Como dijo George Orwell,  “En una época de universal engaño, decir la verdad constituye un acto revolucionario”. Debemos de ser conscientes de estas manipulaciones y daños gratuítos a nuestra costa, a costa de los más débiles. Boicot, esa es la palabra que tenemos que usar cuando no solamente protestamos por lo que no está bien, sino por lo que creemos, y porque hay necesidad de justicia. Informarse, digerir la información y actuar, porque la pasividad no genera cambios. Como dijo la doctora del vídeo de más arriba: Auto-ínfórmate, sé más consciente y proactivo, haz ejercicio regularmente y come de forma saludable, porque esa debe de ser tu medicina.

 

“Hace quince años, todos los gobiernos de los países industrializados apostaron en el desarrollo de la industria de la biotecnología, donde se ha invertido mucho dinero público. Los gobiernos saben que hay problemas con los OGM (Organismos Genéticamente Modificados), pero si consiguen y publican los resultados de los análisis, resultará que todo lo autorizado hasta el momento ha sido un error de graves consecuencias”

” No hay forma de controlar o limitar territorialmente el cultivo transgénico. Cuando hay un diez por ciento de campo cultivado con transgénicos, ya no lo puedes detener. Una vez que sueltas algo en el medio ambiente, por definición no puedes confinarlo. No puedes poner puertas al campo. Y no son sólo los insectos. Es suficiente con que se mezclen las semillas en los silos, con la maquinaria… Por eso es muy importante no hacer farmacia en el campo. Es incontrolable” (Dr. Guilles-Eric Seralini, biólogo molecular experto de la Comisión europea en transgénicos)

(Ver aquí la entrevista completa)

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Un organismo genéticamente modificado (abreviado OMGOGM o GMO, este último del inglés Genetically Modified Organism) es cualquier organismo (capaz de reproducirse o de transferir material genético, incluidas las entidades microbiológicas celulares o no) cuyo material genético ha sido modificado de una manera que no se produce de forma natural en el apareamiento o en la recombinación natural.

En el siglo XXI su cultivo, uso y comercialización se ha extendido a varios países y regiones, sin embargo, existen aún fuertes controversias en cuanto a que sean seguros y/o convenientes para la salud y para la alimentación de los seres humanos, en especial en el caso de las plantas y animales OGM.

Un caso particular de OGM son los organismos transgénicos, a los que se ha introducido en su genoma uno o varios genes procedentes de una especie diferente.

Los  alimentos transgénicos son aquellos que fueron producidos a partir de un GMO mediante ingeniería genética. Dicho de otra forma, es aquel alimento obtenido de un organismo al cual le han incorporado genes de otro para producir las características deseadas. En la actualidad tienen mayor presencia de alimentos procedentes de plantastransgénicas como el maíz, la cebada o la soja.

Se comenzó a utilizar esta técnica en los cultivos por sus supuestos beneficios: mayor resistencia a las plagas de insectos, alimentos más duraderos y con cualidades más “deseables” a ojos del consumidor, reducción de costes de producción, etc. Pero, ¿cuál es el precio que hay que pagar por estas bondades que ofrecen los alimentos GMO?

1- Riesgos Medioambientales:

A corto, medio y largo plazo, incremento de la contaminación química (ej. con las plantas tolerantes a un herbicida, el agricultor puede usar grandes cantidades de ese herbicida). Contaminación del suelo por acumulación de la toxina.
Posibilidad de cruzamientos exteriores que podrían dar lugar, por ejemplo, al desarrollo de malas hierbas más agresivas o de parientes silvestres con mayor resistencia a las enfermedades o provocar tensiones ambientales, trastornando el equilibrio del ecosistema. Pueden crearse nuevos virus y aumentar la resistencia de los virus naturales.
2-Desaparición de biodiversidad:
• Por el aumento del uso de productos químicos (efectos sobre flora y fauna);
• Por las toxinas fabricadas por las plantas (matan a insectos beneficiosos o pájaros);
• Por la contaminación genética: Se puede transmitir la modificación genética a especies silvestres emparentadas con la planta transgénica.
Y hay más peligros que acechan:
  • Sólo diez multinacionales controlan casi el 70% del mercado mundial de semillas lo que significa que los agricultores tienen poca capacidad de elección.
  • Los cultivos transgénicos no alimentan al mundo. El 99% de agricultores y agricultoras no los cultivan y el 90% de la superficie agrícola mundial sigue libre de transgénicos.
  • La industria anunciaba que en el año 2000 en el 50% de la superficie agraria europea se utilizarían cultivos transgénicos. Actualmente, solo cerca del 0,1% de la superficie agrícola se utilizan transgénicos, lamentablemente la inmensa mayoría en España.
  • Aproximadamente el 20% de los gases de efecto invernadero (GEI) son producidos por la agricultura industrial debido al uso excesivo de fertilizantes de síntesis.
  • El glifosato es el herbicida más utilizado en el mundo. Entre 1996 y 2011, su uso asociado a los cultivos transgénicos tolerantes al glifosato ha supuesto un incremento de 239.000 kg en el uso de herbicidas en EEUU.
  • En los últimos inviernos, la mortalidad media de las colonias de insectos en Europa ha sido del 20% (con un amplio rango de entre el 1,8% y el 53% de unos países a otros)
  • De los 52 mil millones de dólares anuales gastados en investigación agrícola, tan solo menos del 0,4% se dedica a investigar y evaluar iniciativas específicamente ecológicas

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Este es un documental llamado “Semillas esclavas” en la que se habla de la problemática de los cultivos transgénicos en España:

Inicialmente se empezó a experimentar con animales para ver las mutaciones creadas si se manipulaban genéticamente, haciéndolos también transgénicos. Son conocidos los animales y plantas a los que se les inoculó ADN de luciérnaga o de una medusa con capacidad fluorescente para poder ver claramente la expresión de dichos genes en el animal modificado.

Está claro que, si la ética falta en el tema agrario, no iba a ser menos la cuestión de experimentación animal. Experimentos aberrantes y dolorosas selecciones animales para ser más económicas, sin interesarse por la calidad de vida de dicho animal (ej. los pollos bróiler, las vacas modificadas para obtener más carne, y un largo etcétera…)

Es muy importante leer las etiquetas de la procedencia de los alimentos. Pero lo mejor es comprar vegetales de orígen ecológico y a ser posible, de alguien a quien se conozca, porque puede dar más garantías que la comprada en un supermercado. Lo ideal (pero muy complicado en las ciudades) sería tener un pequeño huerto, o macetas donde poder cultivar vegetales para auto consumo.

El sistema actual de producción es insostenible, egoísta y sin ética. Las compañías multinacionales campan a sus anchas ante el beneplácito de gobiernos, que se lo permiten. Pero con un pequeño granito de arena cada uno de nosotros, podemos luchar en nuestra pequeña parcela e ir ganando terreno. No podemos quedarnos quietos ni callados. Es importante también divulgar y boicotear a estas compañías:

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